martes, 24 de abril de 2018

POESÍA: A LA LUNA PLENA

Supe y comprendí en el instante
que hay un camino que lleva,
siempre el mismo,
con las mismas cuentas,
hacia ese lugar conocido
del cual no se regresa.

Con la edad se suman penas,
se derraman lágrimas envueltas
en papel de plata con su lazo
quizás así sea
el que vayamos comprendiendo lo dura que es la cuesta,
esa que lleva
de aquí hacia allá
a lo largo de nuestra existencia.

Fue poeta
y a duras penas
pudo el solo con sus penas
escribir sobre aquello de lo que nadie echa cuentas.´

Tiempo y edad,
plenitud y decadencia,
felicidad y lo que se quiera,
lo fácil no interesa
pues lleva
no más allá de donde se llega
cuando se lanza una piedra.

La senda por la que andamos
se pierde de vista
cuando se deja, así se avanza,
así la noche nos llena
y con ella
llegan nuevos días, llegan nuevas experiencias.

A la luna plena,
en las azoteas
de los rascacielos
se toca con ligereza
el alma de lo que es materia.

¿Qué espero?

¿Qué esperas?

De todo un poco
siempre nos queda
un poco de tiempo para echar cuentas.



Autor: José Vicente Navarro Rubio

domingo, 22 de abril de 2018

POESÍA: DE UN VERANO QUE NOS LLEGA

Y fue, así se cuenta
como si una zarza ardiera
y de entre las llamas salieran
voces extrañas anunciando una verbena,
en la playa de los veranos,
allí en la arena
junto a un manantial de botellas,
ron, whisky, ginebra,
todo junto quien pudiera,
en los veranos de su vida
ya la zarza ardiendo,
ya la voz serena
sobre las olas volando ser como las gaviotas,
con sus alas impregnadas de los aires que la llevan,
hacia los mares libres,
de las playas repletas,
de granos de arena.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: MIS PISADAS SOBRE UNA ACERA

No se porque persigo una sombra
ni esta tarde ya pasada he sabido
porque el perro me esperaba
en cada revuelta del camino
como si temiera
que me fuera.

A veces, solo a veces,
a penas,
solo a penas,
crecen los silencios
allí donde brotaban fuentes llenas
en su fondo de monedas.

En poco atino  a saber
que persigo
con esta presencia
la del poema
que corrige mis pisadas sobre la acera.

Ya de vuelta
y casi a duras penas
vuelvo a lo de siempre
a la metafísica y a la lógica certera
de dar por bueno
lo poco o mucho escrito en este poema.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: NO HAY LLAMA SIN FUEGO

Si digo que dicen es que no existe el poema,
no hay llama sin fuego,
ni versos sin entrañas tuyas, las que sean, 
no importa la rima,
no importa la cantidad de silabas 
ni de letras,
solo en el poema subyace lo que piensas.

Uno dice lo que quiere,
cuenta, todas ellas, sus experiencias.

Dicen, solo dicen, 
así lo cuentan
que la eternidad es muerte,
que detrás de cada viaje se abre y cierra una maleta,
ni el frío, ni el miedo ni el cielo saben de estas historias tan viejas.

Autor: José Vicente Navarro Rubio










POESÍA: SON VOCES

Son voces,
solo son palabras
que resuenan
sobre las paredes
pintan
con sus buenas presencias,
sobre el suelo
casi se estrellan,
entran por las ventanas
vienen de lejanas ventoleras,
casi a hurtadillas se arrastran
a través de una gatera
y por una chimenea
se dejan ver
para cuando las brasas calientan
sus posaderas.
Son voces,
son ellas,
tan cercanas
que parecen venir a través de un espacio que las hace duraderas.

Autor. José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: CUANTAS ESTRELLAS

Cuantas estrellas
y todas ellas
en el cielo
saliendo a pastar a las verdes praderas
en esas altas estancias
donde destellan
puntos de luz, casi lentejuelas,
en un vestido de cola,
de una sevillana en plena feria.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: SOLO LA LUZ, SOLO ELLA

Solo la luz,
solo ella,
la farola tan esbelta,
dejando caer rayos que se comen
el polvo de las estrellas.

En la avenida
se deletrean, unas tras otras,
miles de aventuras
de quienes pasan y se llenan
del cántico de las aves
en las copas, casi frutos madurando que de ellas cuelgan.

La persiana raya mis ideas,
la cortina deja
que a través de ella
una luz extraña aparezca
a la misma hora, siempre de la misma manera.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: ECHANDO CUENTAS

Echo cuentas

El tiempo es un estímulo
para poner agravios,
para apuntalar olvidados principios.

Dicen que no pasa nada,
dicen que no peligra la vida de los seres humanos
sobre la faz de la tierra,
pequeño mundo.

Aprieto las yemas de los dedos
sobre un teclado
que convierte las ideas
casi en exabruptos
y así distraigo la tarde
y así el Punjab,
la tierra de los cinco ríos,
me enseña sus entrañas
y con ella hilo.

José Vicente Navarro Rubio



POESÍA: LOS PERROS RELAMEN LOS MINUTOS

Relame un perro un minuto,
casi nada en él,
casi nada,
así caminos juntos,
el perro que descansa
y junto a él
un poeta escribiendo un libro.
Los poemas son
algo así como ladridos
que van construyendo formas
todas con un significado íntimo,
ahora mismo
el perro vigila las sombras que indican la caducidad de un domingo.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: LAS MISMAS PIEDRAS Y EN EL MISMO CAMINO

Las mismas piedras y en el mismo camino,
todo igual,
las zapatillas y el surco,
la hierba que crece,
el tronco duro del olivo,
el agua entre los árboles,
las cenizas consumidas en su destino,
y pasa el silencio
y quien con el dentro de si mismo
se hace un caluroso abrigo.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: DOMINGO Y EN LA LEY QUEDA PROHIBIDO


En el domingo transcurrían
las horas y minutos
cogidos a los brazos,
flores sin fruto,
de los naranjos que habitan
en los espacios en los que conviven
las aguas que se derraman y la tierra que le sirve de sepulcro.
Domingo y en la Ley queda prohibido
todo aquello que no sea rendir culto
al descanso que nos lleva a través del día
hasta allí donde nacen los momentos
con sintonías diferentes,
así nos convertimos en todo aquello de lo cual huimos.
Sobre el árbol
bordes son las naranjas
que resisten los inviernos
así mecidas,
con sus piel dura, solo el viento sabe,
que en ellas habitan los silencios de los campos
cuando el aire a través de la espesura pasa gritando: Vivo.

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio


















POESÍA: LA CIUDAD POR DENTRO

La ciudad por dentro
o una silueta
o un sujeto,
pendiendo,
del hilo de cobre, plomo, hierro
de un motor de acero.

La ciudad desde lejos
casi un matasellos
en una postal
que se va lejos,
hasta allí donde las palomas
ponen sus huevos,
en la torre, campanario, tejas y aleros.

La ciudad que se come,
la ciudad hiriendo,
 todo aquello
que hace a los seres humanos, sujetos,
de sus propios pensamientos.

Será por ello
que la ciudad vive
en los recónditos paisajes, en los sueños,
de quienes duermen inquietos, aves son con sus alas abiertas vencejos.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: DE ESOS MOMENTOS


Por ser quizás hubo otros momentos
tan cercanos,
tan llenos
de todo aquello
que sabe a vida y sentimientos
que para mi
no hay otros reinos
que este,
el que tocamos con los dedos,
el que huele a harina de trigo y de centeno,
tan malditos otros instantes
que uno se siente casi cogido de los pelos.

Autor. José Vicente Navarro Rubio


POESÍA: ENTRE MACETAS Y MACETEROS

Pedían agua,
a lo cierto
derrame sobre ellas
cántaros enteros
que la tierra se chupaba
como si le fuera en ello
la vida
que es lo que las raíces buscan,
el fresco
de las gotas de agua descubriendo
nuevos caminos a través de los cuales llegar hasta ese lugar concreto
donde se espera su alimento.

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

POESÍA: ENTENDÍ DE QUE IBA, SOLO SABIA ESO

Entendí de que iba,
solo sabía eso,
la vía que se acaba,
la estación con su luminoso letrero,
los andenes vacíos,
un letrero,
el próximo tren sale con destino concreto
hasta allí donde habita
no se sabe ni el como ni como será ese momento,
la materia gris, quizás en ello, nuestros pensamientos.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

sábado, 21 de abril de 2018

LA MUERTE DE EL CARIÑOSO


Edificio de la calle Santa Lucía donde se tendió la emboscada a El Cariñoso. 
El 27 de octubre de 1941, José Lavín fue traicionado y abatido a tiros en un edificio de la calle Santa Lucía DANIEL FERNÁNDEZJueves, 15 marzo 2018, 17:54
tras la caída de Santander en poder de los nacionales, diversas circunstancias llevaron a algunas personas de las zonas merachas y pasiegas a esconderse en los montes; cómo era su vida; las cuevas dónde se refugiaban y cómo era su relación con sus enlaces. Sin duda alguna fue la figura de José Lavín Cobo 'El Cariñoso' la más carismática de todas, cuyas andaduras finalizaron en 1941 tras su muerte.
Todo empezó el 24 de octubre de 1941 junto al barrio Edilla, entre Ceceñas y la Cavada, en la cabaña de dos hermanas conocidas como 'Las Tarolas', en la cual se escondían los miembros de la partida de 'El Cariñoso': Nemesio y Rafael Hazas, conocidos como 'Los Ferroviarios' y Constantino 'El Madrileño'.
Localizados por la Guardia Civil, muertos Nemesio Hazas y 'el Madrileño' y detenidas las dos hermanas, un cumulo de casualidades desembocaron en la detención de un enlace de 'El Cariñoso', Eugenio Escalante, vecino de Angustina. Tras su detención, fue obligado no solo a facilitar información sobre el paradero de 'El Cariñoso', sino también forzado a tenderle una celada que conduciría a su muerte, el 27 de octubre de 1941. En aquellos momentos José Lavín Cobo, cansado del tipo de vida llevada en el monte, estaba escondido en la ciudad de Santander con la intención de huir del país y terminar así con una vida de penurias y persecución. Convivía, en aquel momento, con una mujer, María Solano Otí, de nacionalidad norteamericana, pero descendiente de La Cavada y de la que esperaba descendencia.
Con la muerte de El Cariñoso, la cuadrilla de montaña de Miera quedó casi desarticulada
El 27 de octubre de 1941 cuando estaba esperando la llegada de Escalante para que le pusiera al día de los hechos acaecidos en la cabaña de 'las Tarolas', no podía suponer que ese iba a ser el último día de su vida.
Como nos cuenta Isidro Cicero en su libro sobre este popular maqui: «A las cuatro de la tarde ya está la policía y la Guardia Civil por todos los tejados de los alrededores. Tienen ocupados todos los pisos de la casa número cuarenta y cuatro de la calle Santa Lucía donde está El Cariñoso». Llegado el enlace a la buhardilla, donde se escondía el huido y, ante lo nervioso de su comportamiento, el Cariñoso desconfía; se asoma a la ventana observa el despliegue y se percata de la traición. Viéndose acorralado, y en un último acto de desesperación, se lanzó escaleras abajo disparando e hiriendo a varios agentes, pero nada pudo hacer contra la fuerza policial desplegada, Cayó herido mortalmente a la entrada del portal.
Al día siguiente caerían en Peñacastillo otros tres miembros de la partida quedando prácticamente desaparecida la guerrilla en Miera. Los pocos que quedaban en el monte se reagruparon, más adelante, en la conocida como Brigada Malumbres. María Solano Otí, fue condenada a treinta años, de los cuales cumplió 12 gracias a la intervención de la embajada norteamericana quien la sacó y la devolvió a Estados Unidos. Durante su estancia en prisión dio a luz a una niña: Josefina Solano Otí. Durante gran parte de su vida ha luchado por ser reconocida como hija legítima del guerrillero, consiguiéndolo definitivamente en el año 2012; pasando a llamarse Josefina Lavín Solano; la hija de 'El Cariñoso'. 

Poesia de Jose Vicente Navarro Rubio:

Y cruzó por su mirada
un viento y una rabia,
el frío del día que se acaba
y con él la llegada
entre ponientes que arrasan
de la muerte
entre tiros y cascadas
de gritos que avanzan
en la ciudad que espera levantada
que El Cariñoso marche
hacia nuevas patrias,
ya los montes y montañas,
entre peñas silbando balas,
y en las ramas las cornejas
con sus vistas afiladas
viendo como avanzan
los uniformes y las pisadas
de botas que retumban 
y dejan con sus pisadas
rumores a una guerra que no se acaba.

POESÍA: BIEN POR EL VINO TINTO

Bien por el vino tinto
con coraje,
tan negro, tan azabache
como la sombra que yace
entre tinieblas y oscuridades.

Al primer golpe
se nota
como desciende
por caminos que llevan
a otras partes,
entre paladares, entre rondares, entre trozos masticables,
azabache,
casi perla,
casi enjambre de abejas en una colmena construyendo panales.


La botella con su porte
delicado,
trae la gracia de saberse
en la mesa en la que se esparce,
tanto por uno, así vale,
el golpe de vino,
el vaso que se absorbe.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: DE LAS MALVINAS QUE VI EN LA TELEVISIÓN


Vi las islas,
y sentí al instante,
la inspiración esa que arde
en una hoguera activa
que se abre
allí donde el cuerpo se convierte
en parte inseparable
de ese alma que nos hace
sensibles como un cachorro que fenece
en un estanque de aguas pestilentes.

Fue la guerra
y después el silencio
y tras muchos desastres
una imagen
la de unas islas
a las que les baten
los vientos que van y vienen
de uno a otro lado
tan ellos atrayentes
que nos olvidamos de lo que nos trae
hasta este poema de corte de navaja afilada en las aguas de los fríos mares.

Hacia la playa puede verse
una montaña y tras ella el plástico que arde
a bocanadas abiertas
el aire reparte
los mil sabores de las botellas
ahora solo casi cortezas crujientes
y para cuando este poema se acabe
humo y más humo huyendo en busca de la blanca nieve.

Tan degradadas
las Malvinas me convencen
de que no existe
aquello que se llamaba  Polo Sur,
el de las islas tan salvajes,
llenas de extrañas aves,
con sus helados suelos,
con sus aguas bravas con sus peces
de miles de colores.

Una guerra y tantas muertes
¿por qué se pregunta alguien
se olvidan los seres humanos
de hacer con la belleza un estandarte
que sirva para pregonar islas libres con vientos salvajes?

El plástico y las botellas
apiladas son algo que late
en el fondo más ardiente
de una pira de fuego que convierte el paisaje
en un horno con cuerpos que se convierten
en los deseos de aquellos seres insaciables
que solo buscan sacar a la luz de los días,
 en que cantan las aguas salmos y cantares,
la palabra muerte, esa que sirve, para indicarnos que en las Malvinas ocurre un desastre.

Autor: José Vicente Navarro Rubio


POESÍA: LA VOCAL Y SU CONSONANTE

La vocal y su consonante
y un coche
y un levante
y un paisaje
y la casa con su torre
y el cuchillo sobre la tabla con su corte
convirtiendo el queso en poco más que grano con sabores atrayentes.

la boca que se abre
y la vocal con su consonante
convirtiendo lo que no existe en parte de la existencia que se abre
allí donde nace
la palabra viva que anuncia algo que nos es agradable

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

POESÍA: CRUJE EL HUESO ROTO

El hueso roto cruje,
cruje el sarmiento
en la hoguera que lo convierte
en la ceniza blanca
sobre la frente
algo así como un disparate.

Se rompe y cae el grito
al instante,
dolor que invade
el cuerpo en el que cruje
el sarmiento que arde
ya la frente fría,
ya el pulso ausente,
ya cayendo rayos,
ya lamiendo la oscuridad
ese instante
en que la noche nos invade

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

POESÍA: TRAS LOS PONIENTES

Atino a pensar que todo será diferente,
la muerte por la vida,
las risas,  silencios hirientes,
la noche rasgando velos,
negros como azotes,
cayendo las estrellas,
el sol alumbrando desastres.

Atino a ser el de siempre,
casi labio,
casi mano, casi enlace,
tan terca la muerte
se siente
en el transitar del ser humano
por unas y otras partes
algo así
como el volante
del coche que avanza
dejando tras de sí solo el polvo que se levanta tras pasar junto a uno un poniente.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA COMPLETA

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POESIA: SOY EN MAYO

Soy en mayo

POESÍA: SOMBRAS DI-VERSAS


lunes, 9 de abril de 2018

LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS


Los Últimos de Filipinas:DATOS RECOGIDOS DE WWW.grandesbatallas by Paco Domingo

En total fueron sitiadas 60 personas, incluyendo los dos misioneros enviados por los filipinos, de las cuales 15 murieron enfermos de beriberi o disentería, 2 murieron por heridas de combate, 6 desertaron y 2 fueron fusilados por orden de Martín Cerezo tras ser declarados culpables de intento de deserción.




Comandante Político-Militar del Príncipe

Capitán de Infantería Enrique de las Morenas y Foss, natural de Chiclana de la Frontera. Falleció por enfermedad el 22 de noviembre de 1898.

Tropa del Destacamento de Baler
2º Teniente Juan Alonso Zayas. Falleció por enfermedad el 18 de octubre de 1898.
2º Teniente Saturnino Martín Cerezo, natural de Miajadas, Cáceres.
Cabo Jesús García Quijano, natural de Viduerna de la Peña, Palencia.
Cabo José Chaves Martín. Falleció por enfermedad el 10 de octubre de 1898.
Cabo José Olivares Conejero, natural de Caudete, Albacete.
Cabo Vicente González Toca. Fusilado el 1 de junio de 1899.
Corneta Santos González Roncal, natural de Mallén, Zaragoza.
Soldado de 2ª Felipe Herrero López. Desertó el 27 de junio de 1898.
Soldado de 2ª Félix García Torres. Desertó el 29 de junio de 1898.
Soldado de 2ª Julian Galvete Iturmendi. Falleció debido a heridas el 31 de julio de 1898.
Soldado de 2ª Juan Chamizo Lucas, natural de Valle de Abdalajís, Málaga.
Soldado de 2ª José Hernández Arocha, natural de La Laguna, Tenerife.
Soldado de 2ª José Lafarga Abad. Falleció por enfermedad el 22 de octubre de 1898.
Soldado de 2ª Luis Cervantes Dato, natural de Mula, Murcia.
Soldado de 2ª Manuel Menor Ortega, natural de Sevilla, Sevilla.
Soldado de 2ª Vicente Pedrosa Carballeda, natural de Carballino, Orense.
Soldado Antonio Bauza Fullana, natural de Petra, Mallorca.
Soldado Antonio Menache Sánchez. Fusilado el 1 de junio de 1899.
Soldado Baldomero Larrode Paracuello. Falleció por enfermedad el 9 de noviembre de 1898.
Soldado Domingo Castro Camarena, natural de Aldeavieja, Ávila.
Soldado Emilio Fabregat Fabregat, natural de Salsadella, Castellón.
Soldado Eufemio Sánchez Martínez, natural de Puebla de Don Fadrique, Granada.
Soldado Eustaquio Gopar Hernández, natural de Tuineje, Las Palmas.
Soldado Felipe Castillo Castillo, natural de Castillo de Locubín, Jaén.
Soldado Francisco Real Yuste, natural de Cieza, Murcia.
Soldado Francisco Rovira Mompó. Falleció por enfermedad el 30 de setiembre 1898.
Soldado Gregorio Catalán Valero, natural de Osa de la Vega, Cuenca.
Soldado Jaime Caldentey Nadal. Desertó el 3 de agosto de 1898.
Soldado José Alcaide Bayona. Desertó el 8 de mayo de 1899.
Soldado José Jiménez Berro, natural de Almonte, Huelva.
Soldado José Martínez Santos, natural de Almeiras, La Coruña.
Soldado José Pineda Turán, natural de San Felíu de Codinas, Barcelona.
Soldado José Sanz Meramendi. Falleció por enfermedad el 13 de febrero 1899.
Soldado Juan Fuentes Damián. Falleció por enfermedad el 8 de noviembre 1898.
Soldado Loreto Gallego García, natural de Requena, Valencia.
Soldado Manuel Navarro León. Falleció por enfermedad el 9 de noviembre 1898.
Soldado Marcelo Adrián Obregón, natural de Villalmanzo, Burgos.
Soldado Marcos José Petanas. Falleció por enfermedad el 19 de mayo 1899.
Soldado Marcos Mateo Conesa, natural de Tronchón, Teruel.
Soldado Miguel Méndez Expósito, natural de Puebla de Tabe, Salamanca.
Soldado Miguel Pérez Leal, natural de Lebrija, Sevilla.
Soldado Pedro Izquierdo Arnaíz. Falleció por enfermedad el 14 de noviembre 1898.
Soldado Pedro Planas Basagañas, natural de San Juan de las Abadesas, Gerona.
Soldado Pedro Vila Garganté, natural de Taltaüll, Lérida.
Soldado Rafael Alonso Medero. Falleció por enfermedad el 8 de octubre de 1898.
Soldado Ramón Buades Tormo, natural de Carlet, Valencia.
Soldado Ramón Donat Pastor. Falleció por enfermedad el 10 de octubre 1898.
Soldado Ramón Mir Brills, natural de Guisona, Lérida.
Soldado Ramón Ripollés Cardona, natural de Morella, Castellón.
Soldado Román López Lozano. Falleció por enfermedad el 25 de octubre 1898.
Soldado Salvador Santamaría Aparicio. Falleció debido a heridas el 12 de mayo 1899.
Soldado Timoteo López Larios, natural de Alcoroches, Guadalajara.
Soldado Melchor Martin López, natural de Aznalcollar, Sevilla.
Soldado Luis Ruiz de la Torre, natural de Moral de Calatrava, Ciudad Real
Soldado Mariano Miguel de Marcos, natural de Marlín, Ávila

Enfermería.
Médico provisional Rogelio Vigil de Quiñones, natural de Marbella, Málaga.
Cabo indígena Alfonso Sus Fojas. Desertó el 27 de junio de 1898.
Sanitario indígena Tomás Paladio Paredes. Desertó el 27 de junio de 1898.
Soldado Bernardino Sánchez Cainzos, natural de Guitiriz, Lugo

Párroco de Baler:
Fray Cándido Gómez Carreño. Falleció por enfermedad el 25 de agosto de 1898.

Misioneros: Enviados por las tropas filipinas, decidieron quedarse en la iglesia a petición de Enrique de las Morenas.

sábado, 31 de marzo de 2018

ANTONIO GALBIS: HISTÒRIA D'UNA IL.LUSIÓ


El 24 de marzo, se presentó a las 12 de la mañana en la Casa de la Cultura de l’Alcúdia el libro “Antonio Galbis: Història d’una il•lusió” escrito por Ximo Martínez Ortíz y José Vicente Navarro Rubio. El libro pertenece a la colección Gent d’Ací que edita el Ayuntamiento de l’Alcúdia.

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En la presentación participaron Andreu Salom, alcalde de l’Alcùdia, los autores, X. Martínez y José V. Navarro, Gema Galbis hija de D. Antonio Galbis y propietaria de Galbis Paellas Gigantes. Presentó el acto, Toni Benavent, actual regidor de Cultura.

El pueblo de l’Alcúdia estaba invitado a esta jornada. Posteriormente a la presentación hubo una paella en honor a D. Antonio Galbis.

En este libro se recoge la vida de Don Antonio, su destacable labor tanto como cocinero y como empresario valenciano, los logros que consiguió gracias a su afán de superación y que sólo los grandes hombres pueden conseguir.

Uno de los aspectos más relevantes de la vida de Antonio Galbis es la gran pasión que sentía desde pequeño por la cocina, pasión heredada de su madre Doña Eulàlia Domènech. Muestra de ello, inaugura su primer negocio en 1963, el Hostal Galbis o “Bar del Serrallo”. Sólo tres años después, en 1966, abre el Bar-Restaurante Galbis. En esta nueva etapa, es cuando Antonio comienza a acercarse al mundo de la alta gastronomía; llegando a codearse con los grandes cocineros de su generación como Cándido (Segovia), Currito (Madrid y Santurce) o La Trainera (Madrid), entre otros.

Posteriormente, en 1980 creó la famosa empresa de paellas gigantes - Galbis Paellas Gigantes - con la que recorrió toda España, así como otros países. 

Londres, Munich, San Salvador, Santiago de Chile, Caracas, Miami...Son solo algunos de los lugares en los que Antonio Galbis ha podido mostrar la esencia y riqueza de la cocina mediterránea; y especialmente la valenciana. En 2006 inauguró en su amada Alcúdia, el Hotel Galbis; una prueba de lo presente que tiene su tierra en todo momento.

Uno de los grandes hitos de su carrera profesional fue lograr un récord mundial cocinando, en 1992, una paella para 100.000 personas en Valencia. Nueve años más tarde, en 2001, consiguió batir su propio Récord Guinness realizando una paella en Madrid para 110.000 personas.

Este libro detalla todo lo acontecido durante su vida, recogiendo las anécdotas más curiosas y divertidas acumuladas a lo largo de su vida profesional y personal. Ahora cualquiera que lo desee, podrá acercarse a la vida de este hombre que ha sido capaz de llevar por todo el mundo el nombre de l’Alcúdia y de Valencia, así como dar valor a uno de los platos más representativos de su tierra: la paella. De esta manera, quedará en la memoria de todos los que lo conocieron y los que no, los grandes logros de este hombre pues Antonio Galbis ha sido, es y será, un gran hombre; tanto o más como sus paellas.

VICENT MADRAMANY Y SU GALERIA DE ARTE EN PERPIÑÁN


Fallece Vicent Madramany, un hombre del campo y del arte El coleccionista de l'Alcúdia, de 72 años, muere de forma repentina en Perpiñán, donde residía, así lo traslada Yolanda Peris | València 31.03.2018 | 14:04, en El levante:


Madremany, en su galería de arte en Perpiñán.

Vicent Madramany (l´Alcúdia, 1946), quien en su día lideró la internacionalización del mundo cooperativo valenciano, falleció el pasado jueves de forma repentina en Perpiñán, donde residía desde 1979.
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Madramany empezó en política y formó parte del secretariado del PSPV de l´Alcúdia, erigiéndose como referente en la defensa de la unión con el PSOE y el Partido Socialista Popular (PSP) de Tierno Galván cuando los socialistas valencianos decidían qué postura tomar.

Posteriormente fue gerente de la Cooperativa Agraria de l´Alcúdia y, años después, lo destinaron con Anecoop a internacionalizar la cooperativa de cooperativas por Europa, recalando en la ciudad francesa.

Pero a Madramany no solo se le conocía por la política y por su trabajo de importación y exportación de fruta sino también por su pasión por el arte. De hecho, en la ciudad francesa fundó un museo de arte contemporáneo en un viejo almacén de frutas próximo a la estación de trenes, "À cent mètres du centre du monde" ("A cien metros del centro del mundo"), que se convirtió en referente artístico de la capital de los Pirineos Orientales. "Era un proyecto un poco loco y ambicioso", explicaba Madremany en un reportaje de Levante-EMV en 2010.

Entre las centenarias vigas de madera y los vidrios modernos del local, que abrió sus puertas en 2004, el empresario de l´Alcúdia apostó por dar a conocer el arte valenciano, dando cabida a las obras de Manuel Boix y Artur Heras –dos de sus mejores amigos–, Rafael Armengol, Carmen Calvo, Tània Blanco o Balbino Giner, entre otros.

La labor de Madramany llevó al Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana a firmar un convenio con el centro artístico de Perpiñán en 2009 para la promoción de los artistas valencianos, promoción que se ha mantenido siempre en la que hoy en día es considerada una de las galerías de arte más importantes de Francia. El museo de Madramany , que actualmente regentaba con su hijo, cuenta con más de 400 obras y cuatro exposiciones anuales.

El funeral tendrá lugar el martes 3 de abril, a las 11.00 horas, en un crematorio de Perpiñán.

Valencia Plaza: 31/03/2018 - VALÈNCIA. Este martes 3 de abril, a las 10.45 horas, está previsto que se celebre en el crematorio de Perpiñán el funeral por el coleccionista de arte valenciano, agricultor, político y mecenas Vicent Madramany (l’Alcudia, 1946). Madramay perdió la vida este jueves en la localidad francesa, donde residía desde 1979 y el lugar en el que pudo desarrollar su pasión: el arte.

Fue allí donde inauguró en 2004 el museo de arte contemporáneo de la localidad francesa, un referente en la zona de los Pirineos orientales, en el que tuvieron siempre una destacada presencia los artistas plásticos valencianos. El museo tiene por nombre À cent mètres du centre du monde (A cien metros del centro del mundo) y fue bautizado así en referencia a una frase de Salvador Dalí que decía que la estación de Perpiñán era el centro del mundo. El museo está ubicado a cien metros de la estación.

"Hombre discreto, de una increíble gentileza y verdadero pozo de saber", en la descripción que hacía este viernes la prensa francesa, Madramany había arribado a Perpiñán por su profesión, la importación y exportación de fruta. Fundador del PSPV, en su juventud, tras ser encarcelado por la dictadura franquista por haber quemado una bandera española, este estudiante de Ciencias Políticas emigró primero a Londres y París.

Gerente de la cooperativa de l’Alcudia, fundador también de Anecoop, fue una de las personas claves en la internacionalización del mundo cooperativo valenciano, tal y como recordaba este sábado en Twitter el Conseller de Hacienda, Vicent Soler.

Fue por causa de ella que llegó a Perpiñán donde se instaló en 1979. No por casualidad, para su museo eligiría como sede un antiguo almacén de exportación de naranjas, situado a la vera del río Tet, de mil cuatrocientos metros cuadrados de superficie.

Con un fondo superior a las cuatrocientas obras, pertenecientes a una decena de colecciones privadas, A cent metres du centre du monde ha acogido exposiciones de arte de grandes figuras internacionales como el británico Tony Bevan o el italiano Valerio Adami, además de conciertos de jazz o de música experimental, convirtiéndose en un centro cultural polivalente y transversal. Adrià Pina, Artur Heras, Rafael Armengol, Chapa, Manuel Boix o Monique Bastiaans, entre otros, han expuesto en el museo y forman parte de su colección.

En su texto, el conseller Soler recordaba el carácter luchador de Madramany “desde los años difíciles de la dictadura, por un país culto, moderno, tolerante, orgulloso de su valencianía”; rasgos que servirían también para describir al coleccionista y empresario.

Padre de un hijo, Héctor, y abuelo de dos nietos, Marco y Alexandre, Madramany estaba perfectamente integrado en Perpiñán si bien eran constantes su visitas a la Comunitat Valenciana, así como su colaboración con entidades valencianas. Sin ir más lejos, hace cuatro años y medio su museo colaboró con la retrospectiva que la Fundación Chirivella Soriano realizó de Artur Heras, prestando 44 grandes obras.

sábado, 3 de marzo de 2018

JUANIN Y BEDOYA: LOS ÚLTIMOS GUERRILLEROS




Hoy he conocido a un familiar de Bedoya, el cual me ha dicho: "Ya te comentaré la vida de mi familia, es muy interesante". 

Lo hemos dejado para otro momento. 

De todas formas como aperitivo les dejo con el contenido que he encontrado en Internet, relacionado con estos dos extraordinarios personajes.

Francisco Bedoya, quizá el último guerrillero de Cantabria tras la guerra civil, era un hombretón noble y de gran corpulencia. Junto a su amigo Juanín fue perseguido hasta la muerte por las montañas cántabras y se forjó una verdadera leyenda sobre el debido a su astucia y fortaleza. El 2 de Diciembre de 1957, denunciado por su propio cuñado, es acosado y tiroteado en las cercanías de Oriñón. A la mañana siguiente, Fco Bedoya aparece con un tiro en la sien en las frías faldas del Monte Cerredo que dan al Norte, al parecer junto a las cuevas del Pico de Islares. Cabe la posibilidad de que el emboscado decidiese suicidarse en el último momento. Ante esta duda, el cura decide que sea enterrado fuera del recinto del cementerio cristiano, en un pastizal separado por un grueso muro de tumbas.
Jesús Ruiz MantillaPeriodista de EL PAÍS

Los niños de todas las comarcas que circundan el recóndito y hermoso valle de Liébana, en Cantabria, han jugado desde hace décadas a Juanín y Bedoya. Se mofaban de los cercos que les tendían los supuestos guardias, y quedaban para el arrastre después de un pillo que te pillo en los bosques y los prados donde correteaban tiroteándose de mentira. Pero la bárbara resistencia de estos dos guerrilleros que se echaron al monte para luchar contra el franquismo -los últimos en la Península- fue de todo menos una broma.

A Juan Fernández Ayala, la vida le dio cuatro cosas: un instinto casi animal para la supervivencia, su proverbial tozudez, el idealismo de los irredentos y muchos palos. En cambio, a Francisco Bedoya Gutiérrez le tocaron en gracia otros atributos: un corpachón de gigante homérico, un corazón sensible, una habilidad extrema para tallar juguetes de madera y algunos palos más que a su compañero Juanín.

El destino tuvo la mala idea de unirles para echarse al monte en plena dictadura. Su vida como fugitivos fue tan grandiosa que al convertirse España en un país normal acabaron colgándose la medalla de las leyendas. Pero llevaban también encima muchas manchas, muchos interrogantes sin resolver. La sombra que más ha ensuciado su aventura ha quedado ahora despejada.

Hasta la fecha, muchos fueron los que creyeron la historia oficial: que Juanín acabó acribillado en una cuneta por disparos de Bedoya. Por la espalda. Incluso la familia Fernández Ayala llegó a sostenerlo tras la muerte de Franco. Pero la jugarreta de la traición ha quedado enterrada gracias a un libro que reconstruye la vida de ambos: Juanín y Bedoya. Los últimos guerrilleros (Cloux Editores), de Antonio Brevers.

Tirando del hilo durante ocho años de su vida, Brevers ha despejado muchos interrogantes. De paso, este psicólogo metido a escritor, que era de los niños que mataban las horas con el juego de los guerrilleros en Torrelavega, ha ejercido toda una justicia histórica: "Quería que el libro tuviera una dignidad, incluso en su formato, con tapa dura. Son personas que han sufrido mucho, familias que han vivido la vergüenza como norma. Que ahora se reivindique la figura de ambos y su historia como una de las atrocidades del franquismo es muy importante para todos ellos".

El interés por esta tragedia, que ha ido acrecentando su mito en la memoria popular, ha saltado de
inmediato. El libro, sólo en Cantabria, ha vendido 10.000 ejemplares. Allí se ha editado con la colaboración del gobierno regional, pero ahora se está distribuyendo por toda España. La gente desea saber. Desde los familiares de los guerrilleros hasta quienes sufrieron sus secuestros o atracos por supervivencia. Desde los vecinos próximos hasta los niños que crecieron viendo cómo a sus mayores se les metía en el cuartel y se les zurraba por la mera sospecha de que les hubiesen proporcionado comida.

Pero la necesidad más justificada de indagar en los hechos es, para Brevers, la de Ismael Gómez San Honorio, Maelín, el hijo de Francisco Bedoya, con quien el fugitivo no logró volver a unirse en vida nunca más desde que se echó al monte. La historia de Maelín es de las que de por sí merecen ya un libro. Cuando éste era un niño, en Argentina, encontró una caja que guardaba el secreto que su madre le ocultó: la identidad de su verdadero padre.

Ismael llegó a visitarle en la cárcel cuando era muy pequeño, pero tenía un recuerdo demasiado borroso de aquel hombre que le regaló un camión de madera tallado por él. El futuro de su padre era demasiado incierto como para que su abuela no decidiera embarcar al niño hacia Argentina junto a su madre, Mercedes San Honorio Pérez, Leles. Ella había rehecho su vida en América.

Todo el pequeño pasado de Maelín quedó también extirpado hasta que descubrió aquel cofre. En él, Leles guardaba las cartas de Paco Bedoya desde la cárcel, escritas antes de echarse al monte, y un recorte de prensa en el que se contaba su caída. Ese mismo cofre con los secretos le fue entregado a Brevers para que escribiera su libro. Pero la historia comienza antes. Con Juanín...

Cuando Franco ganó la guerra, a los derrotados les cabían tres opciones: aguantar y agachar la cabeza, huir al extranjero o liarse para resistir en el monte. Juan Fernández Ayala nunca fue de buen conformar. Más si, además, junto a la desesperación de ver cómo su país se pondría bajo las botas de los vencedores, tenía que aguantar palizas a diestro y siniestro. Así que decidió resistir. Atrás habían quedado los tiempos más dulces, pocos, como recuerda en un testimonio del libro Virginia Sierra, que le conoció: "Corrían malos tiempos y no teníamos prácticamente nada. Las muñecas eran de trapo, y las pelotas, de corteza de abedul. Pero éramos felices". La guerra, en la que él combatió junto a los republicanos, lo echó todo a perder. Pero aún más dura fue la derrota, la represión que llegó de sopetón.

Juanín cumplió cárcel, fue uno más de los prisioneros que abarrotaban la plaza de toros de Santander o la prisión improvisada de Tabacalera. Pocos hubiesen dicho entonces que años después iba a volver loca a la Guardia Civil, a los servicios secretos y a los jerifaltes del régimen. Al salir, en 1942, fue incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos, y meses después había decidido enrolarse en la Brigada Machado, la desperdigada por los Picos de Europa.

Mientras Juanín iba marcándose de cicatrices, nada apuntaba a que Paco Bedoya acabaría como él. Era más joven que Juanín, ni siquiera había combatido en la guerra por la sencilla razón de que entonces no era más que un niño. Había nacido en Serdio el 26 de mayo de 1929. Iba para carpintero, aunque tenía más bien dotes de ebanista. Eso, unido a que cantaba como un Caruso, daba prueba de que bajo su corpachón se escondía un alma sensible.

A Juanín le conoció Bedoya de casualidad. Cuando se presentó un día en su casa para recabar apoyos. Tampoco era raro verle de medio incógnito por el pueblo, y el líder guerrillero acabó fijándose en el chico. Estaba hecho un lío, sin saber qué hacer con la que se le venía encima personalmente. Había tenido un hijo con su novia, Leles, y debía espabilar.

En la figura de Juanín, Bedoya encontró a un padre. Congeniaron pronto. Al más joven le hacían gracia las imitaciones que improvisaba Juanín, y a éste le caía bien el aspirante a estrella de la canción. Soñar ha sido siempre gratis, y Bedoya no se perdía jamás la emisión por radio de Fiesta en el aire, el Operación triunfo de la época, que escuchaba con los amigos por el aparato Telefunken de la taberna de Alfredo.

Mientras España escapaba de ese presente mísero como podía, los guerrilleros de los Picos de Europa andaban a otras cosas. Su dilema era matar a Franco o no matarle. El caudillo se paseaba por la zona a menudo para pescar a poder ser el campanu, como se conoce al primer salmón de la temporada. Varios querían dar el golpe, pero entre los que se opusieron estaba Juanín. Para él, cometer el atentado poco cambiaría las cosas. Los suyos, sin embargo, lo pagarían como ratas. Entre tanto, los guardias aplicaban con celo varias detenciones preventivas e interrogatorios contra todos aquellos que no se sabe muy bien a qué se dedicaban por la comarca. En una de esas inspecciones, llevadas a cabo para que no hubiese problemas con el dictador, alguien delató a Bedoya. Estaba claro que el chico tenía contactos con la guerrilla y lo pagó.

Personalmente, aquello fue la gota que colmó el vaso a ojos de la familia de su novia. No les costó mucho convencerla para que se fuera a Argentina. El niño se quedaría con su abuela materna, pero poco después le enviaron allá. Bedoya, que era un tipo callado y taciturno, mataba el tiempo en la cárcel tallando juguetes de madera para Maelín y escribiendo a Leles. También leía. De todo menos novelas de Lafuente Estefanía y El Coyote."¡Para leer eso, mejor sería que leyeseis el catecismo, mecagüen!", escuchó él mismo decir a Juanín tantas veces.

Corría ya el año 1952 y Bedoya seguía en la cárcel. Le habían denegado alguna rebaja y empezaba a desesperarse. Pero hubo otro suceso que le afectó aún más. Le llegaron noticias de que su casa familiar había sido arrasada por las llamas con todo el ganado en el interior. Eso precipitó su fuga. Era el mayor desastre para los suyos.

El cerco se estrechaba. Las detenciones de familiares como anzuelo para la rendición eran la norma. Así que la madre y una hermana de Juanín, Avelina, acabaron entre rejas. "En lugar de que aquella medida le convenciera para mandarlo todo al traste, el guerrillero decidió quedarse e ir a por todas; era la única forma que tenía de proteger a su familia", según Brevers. Fue entonces cuando comenzó la leyenda de Juanín y Bedoya como pareja. Cuando tuvo que organizarse un cerco que fue de los más impresionantes del franquismo: "Existía un subsector específico que comprendía Asturias, León, Cantabria, Palencia y Burgos, con un coronel al mando", comenta Brevers. Aun así, costó cazarles.

La vida en el monte fue dura. Construían refugios en varios lugares, aunque se perdían principalmente en Monte Corona. "Los chamizos estaban construidos con papel brea, una especie de tela asfáltica. Todo parecía ordenado, saneado, con sistemas de drenaje. Se convirtieron en auténticos ingenieros", asegura el autor del libro.

¿Y quién pagaba todo aquello? Los robos, los secuestros, los rescates… Bajaban a los pueblos y recaudaban con quienes sabían que no iban a tener muchos problemas económicos. Eran una especie de mezcla entre Robin Hood y el bandido Fendetestas, el personaje de El bosque animado, incapaz de hacer daño. De aquí cogían unos panes y unos chorizos, de las tiendas; un pedido con comida para unos días. Disparaban si se veían acosados. Y se vieron, pero 14 veces burlaron el cerco. "Incluso invitaban a los guardias de incógnito a café y les dejaban una nota". Descaradas, como ésta. "Yo, Juanín, tengo el honor de invitar a café al capitán de la Guardia Civil de Potes, y que le aproveche, como a los pajaritos los perdigones". Se les tenía respeto, admiración y miedo entre los guardias. "Cuando subían a vigilar por el monte iban fumando o silbando para que se dieran por aludidos y no les hicieran nada", dice Antonio Brevers.

Pero tanto tiempo haciéndole jugarretas al destino no podía durar mucho. La prensa internacional se hacía eco de sus hazañas, y se negoció incluso, por medio de don Desiderio, párroco de la zona, la salida de Juanín a Francia. Finalmente, el cura no se fió de las autoridades. Sabía que le matarían, como ocurrió después. Fue fortuitamente, durante una guardia. Uno de los vigilantes vio moverse algo, disparó y alcanzó al guerrillero. "No supo ni que había matado a Juanín, se dio cuenta más tarde", comenta el autor. Bedoya iba detrás, pero no hizo nada, aunque todo se reconstruyera después para alimentar una mentira oficial que Brevers desmonta ahora.

Su compañero no tardó en caer. Fue siete meses después, en diciembre de 1957, tras una vida furtiva que duró, junto a Juanín, cinco años. Le emboscaron en la carretera cercana a Castro Urdiales, cuando escapaba a Francia, se supone. Un soplo propició su captura, y acabó tiroteado, como su amigo del alma, al borde de un arcén.


Juanín (a la derecha) en Peña Ventosa, con dos compañeros.



24 de abril de 1957, sobre las 18,30 horas, en el cuartel situado a la entrada de Vega de Liébana, la pareja de la Guardia Civil, formada por el cabo Leopoldo Rollán Arenales y el número Ángel Agüeros Rodríguez, se dispone ha realizar su servicio. Una contramarcha que consistía en dirigirse a Valcayo, luego a Soberao y regresar a la Vega de Liébana. De retén en el acuartelamiento queda tan solo un guardia.


Antiguo Cuartel de la Guardia Civil en Vega de Liébana

Agazapados en algún lugar del monte, Juanín y Bedoya observan con sus prismáticos los movimientos de la Guardia Civil. La excepcional panorámica que se divisa desde allí les permite seguir sus pasos desde el mismísimo cuartel y gran parte del camino. Los miembros de la Benemérita avanzan con sus capas por el camino en dirección a Valcayo.



Vista desde el monte de Señas. En la fotografía de la izquierda se observan Vega de Liébana y el camino a Valcayo. En la de la derecha, otra buena parte del camino por donde hacían su servicio los guardias.

Juanín y Bedoya, después de haber visto pasar a la pareja, comienzan a descender. Su intención es la de llegar hasta el cementerio y esconderse en sus proximidades para cruzar después la carretera. Dos enormes royas de castaño situadas poco antes de enlazar el camino de Señas con la carretera servirán como último parapeto antes de realizar el paso.


Camino de Señas. Al fondo, el cementerio y al otro lado de la carretera el molino, hoy convertido en un acogedor camping

Son casi las veintiún horas. Está oscureciendo y el viento barrunta lluvia. Juan Fernández Ayala y Francisco Bedoya han permanecido ocultos cerca del cementerio esperando el momento de cruzar la carretera, tal vez en dirección al molino. 

Juanín se adelanta. Como de costumbre, lleva su mano derecha cerca del gatillo de su inseparable Sten. En la izquierda una vara de avellano. Se detiene en varias ocasiones, se esconde, escudriña cada sombra... Aguarda el momento oportuno para cruzar.

Una vez pisa la carretera, de improviso, a su espalda aparece el cabo Rollán. La penumbra, el viento, el cercano torrente...


Torrente cercano a la carretera que aporta caudal a la presa del molino

Juanín no ha detectado su avance. Ni el de Agüeros, que sigue al cabo, según declarará posteriormente, en posición reglamentaria, a unos metros y en el lado opuesto de la carretera.


La fotografía muestra la localización del supuesto encuentro fortuito con la Guardia Civil

¡Alto a la Guardia Civil!... Juanín comienza a correr en zigzag en dirección a la Vega. Rollán dispara una ráfaga en abanico. Una de las balas le siega la yugular. Dos más se incrustan el cuerpo de Fernández Ayala. Mientras tanto, según declaró la pareja, Bedoya parapetado tras los maderos dispara con su pistola y es repelida la agresión por los guardias. Después emprende la huida monte arriba.


Posición de los maderos en el cruce del camino de Señas con la carretera

Unos minutos mas tarde hará dos disparos al aire con la esperanza de obtener respuesta de su compañero.


Lugar en que Fernández Ayala cae mortalmente herido y posteriormente es expuesto su cuerpo

Rollán permanecerá junto al cuerpo aun sin identificar, mientras Agüeros acude en busca de refuerzo. La Brigadilla de Naroba son los primeros en llegar. Uno de sus miembros reconoce al fallecido y efectuá dos tiros a quemarropa sobre su rostro. El incidente fue observado por algún vecino de La Vega que fue requerido para acompañar a los guardias. 

En el momento de su muerte, Juanín llevaba puesto dos camisas y dos pantalones. 8.500 pesetas en la cartera, un bloc de notas con apuntes y una fotografía de su hermana Avelina.

Además de la metralleta y la pistola una bomba de mano y unos prismáticos completan su equipamiento.


El cuerpo de Juanín y Agüeros en el lugar donde cayó abatido


Bomba de mano similar a la que llevaba Juanín

El cadáver del emboscado permanecería toda la noche en la carretera. Por la mañana fue expuesto apoyado contra un muro. Posteriormente envuelto en unos sacos y trasladado en Land Rover al cementerio de Potes, donde comenzó a concentrarse una multitud de curiosos llegados desde todos los rincones. 

Posteriormente sería enterrado tras el deposito del cementerio, donde estaba el lugar destinado a la fosa común. En un principio se le pretendió enterrar sin ataúd, pero gracias al una persona anónima que se hizo cargo del féretro, se pudo realizar el sepelio con un mínimo de dignidad para el fallecido y sus familiares.


Deposito del cementerio de Potes


Tumba de Juan Fernández Ayala, "Juanín" y diseño de una propuesta para su rehabilitación (Txema Prada)

Juanín yacía muerto. Mientras, su hermana María que sufría destierro, daba a luz un varón. Bautizado con el nombre de JUAN, como no podía ser de otra manera.
Comenzaban a tejerse las mil y una versiones e hipótesis sobre su muerte: Las incógnitas

Wiquipedia:

Francisco Bedoya Gutiérrez (nacido en Serdio, Val de San Vicente, Cantabria, en 1929 - fallecido en Castro Urdiales, Cantabriael 2 de diciembre de 1957), más conocido como Paco Bedoya o simplemente Bedoya, fue un destacado maqui cántabro, que tras la Guerra Civil Española se "echó al monte" junto a otros guerrilleros, siendo perseguido por la Guardia Civil durante la década de los 40 y 50.

La madre de Francisco Bedoya acogía frecuentemente a algunos emboscados (maquis), y de esta forma Bedoya conoció al popular guerrillero apodado Juanín, quien seria más tarde su compañero en el monte, haciendo de enlace para él.

En el mes de agosto de 1948 Francisco Bedoya fue detenido por presunta colaboración con Juan Fernández Ayala. Bedoya fue sentenciado a 12 años de prisión. Tras una breve estancia en la prisión provincial es destinado a Destacamento Penitenciario de Fuencarral en Madrid de donde escapó en el año 1952. Tras su huida, Bedoya regresó a Cantabria, y decidió acompañar a Juanín en el monte, con quien permaneció prácticamente hasta el día de su muerte.

Esta incorporación de Bedoya a la guerrilla a principios de la década de los 50, puede considerarse como las últimas acciones maquis en La Montaña. Por aquel entonces ya nadie se "echaba al monte", puesto que hacía cuatro años que el fenómeno maqui había desaparecido de forma oficial, y los escasos grupos que quedaban actuaban en desbandada. El 24 de abril de 1957Juan Fernández Ayala murió en el lugar conocido como curva del molino siendo disparado por el Guardia Civil A. Leopoldo Rollán.

Francisco Bedoya murió el 2 de diciembre del mismo año, como consecuencia de una trampa tendida por miembros de la Brigada Social y Política en complicidad con su cuñado San Miguel. Este acompaña a Francisco Bedoya tras la muerte de Juan Fernández Ayala, hecho que facilitó la incursión de su cuñado.

Cerca de Islares (localidad del municipio de Castro Urdiales), ambos fueron ametrallados desde un automóvil. San Miguel falleció en el acto, pero Francisco Bedoya logró escapar desfiladero arriba. Bedoya, gravemente herido, logró llegar a 400 metros de la cumbre del monte Cerredo. Una bala en la sien realizada a corta distancia, terminó con su vida. Se ha especulado en numerosos ocasiones que Bedoya pudo llegar a suicidarse ante la inminencia de su captura, o bien la bala pudo provenir simplemente del arma del cabo de la Guardia Civil, Fidel Fernández Íñiguez, que le encontró a esa distancia de la cumbre del monte Cerredo.

Las vidas, las incógnitas y las distintas historias que se han contado sobre Francisco Bedoya y su compañero Juan Fernández Ayala, fueron recopiladas y plasmadas en la obra "Juanín y Bedoya. Los últimos guerrilleros" (2007) escrita por el investigador cántabro Antonio Brevers.1

                                               




                                          LIBRO LA MUJER DEL MAQUIS

                         Resumen y sinópsis de La mujer del maquis de Ana Cañil

Cantabria, 1957. Paco Bedoya, el último maquis, cae bajo las balas de la Guardia Civil. Han pasado diecinueve años desde que Franco ganó la guerra, diecinueve años en los que un puñado de hombres, con el apoyo de las gentes de unos valles perdidos, mantuvieron su lucha por la libertad. Esta es la historia de esos hombres y mujeres que sufrieron torturas, cárcel y represión. Aún hoy, el miedo habita en los rincones de las casonas, en las grietas de las paredes, bajo el musgo y el verdín que cubre las piedras de sillería. El miedo, el miedo... Y la vergüenza. Ellos están dispuestos a recuperar un tiempo doloroso y oscuro, en el que nunca faltó el amor y la pasión, la solidaridad y el recuerdo silencioso. Y también es la historia de amor de Paco Bedoya, el último maquis, y de Mercedes San Honorio, dos jóvenes que se enamoraron antes de cumplir veinte años y tuvieron un hijo en común, que se vieron obligados a vivir su amor en la distancia y a soñar que algún día podrían reencontrarse. Ana Cañil, apoyada en una magnífica documentación y con testimonios reales, ha escrito un relato desbordante de emoción, pasión y épica, en el que los protagonistas hablan en primera persona y hacen que su historia se convierta en la de todos

Maxi de la Peña: La periodista Ana Cañil (Madrid, 1958), ganadora del Premio Espasa de Ensayo con 'La mujer del maquis', una historia de amor entre el legendario Paco Bedoya y Leles que empezó siendo un reportaje periodístico y que creció tanto que se convirtió en un libro sobre la guerrilla antifranquista. Aunque está basado en hechos reales. La mujer del maquis nació en el corazón y el cerebro de Cañil después de pasar muchos veranos en Cantabria, donde los vecinos de los pueblos hablab+an de Juanín y Bedoya, dos míticos maquis.

En su investigación, la autora descubrió que Paco Bedoya, al que la Guardia Civil mató de 14 disparas en diciembre de 1957, tenía una novia que fue el amor de su vida. Ambos se enamoraron antes de cumplir los 20 años y tuvieron un hijo en común.

Aquella anciana a la que conoció personalmente en Buenos Aires pudo conocerla personalmente para conocer su testimonio directo. Paco Bedoya y Juanín pertenecieron a la Brigada Machado y permanecieron activos hasta los cincuenta.

Junto a historias de amores, miedos y represiones que vivieron Leles y Bedoya, la autora ha relatado en su libro, a modo de símbolo, la detención de 69 personas (hombres, mujeres y niños) en la comarca cántabra del Val de San Vicente la noche del 31 de agosto de 1948. «Muchos cántabros implicados en aquel suceso me abrieron sus puertas, aunque algunos rechazaron hablar conmigo para no significarse». Cañil presentó ayer su libro en Santander, en una pequeña gira promocional que continuará hoy en el Ateneo y mañana en la Casa de la Juventud de Unquera, en Val de San Vicente.

-Prefirió el ensayo a la novela.

-Es un ensayo porque durante mucho tiempo hice una investigación muy larga para un reportaje periodístico. El tema se me fue de las manos y decidí encauzarlo en un ensayo. No tiene nada de novela, porque todo lo que se cuenta es cierto, no hay elementos de ficción. Sobre un personaje muerto hice una reconstrucción basándome en expedientes y en los vecinos que son una fuente inagotable.

-¿Ha sufrido trabas para acceder a los archivos y expedientes?

-Todo lo contrario. En instituciones Penitenciarias, dos funcionarias, Lourdes y Amparo, me ayudaron mucho y además facilitaron el contacto con la Prisión Provincial de Santander. Tampoco tuve problemas para acceder a la documentación en Val de San Vicente. Fue más caótico trabajar en los archivos de la Guardia Civil, porque los abrieron en El Ferrol y todavía estaban desorganizados.

-¿Cómo se interesó por la historia de amor de Bedoya y Leles y por la guerrilla antifranquista en Cantabria?

-Aterricé en el pueblo de Gandarilla, que pertenece a San Vicente de la Barquera, donde alquilé una casa, y luego fui a parar a Gándara. Más adelante compré una 'casuca' en Portillo (Val de San Vicente). En esos pueblos sientes curiosidad por lo que ha pasado allí. Empecé a leer el libro 'Juanín y Bedoya' de Isidro Cicero que escribió en los años 80, que para esa época era bastante decente. Me interesaron los personajes, y más después de que tiempo atrás, en 1979, durante el rodaje de 'Los días pasados', de Mario Camus me enseñaran Bárcena Mayor cuando no era un pueblo turístico y me hablaran de los maquis. Bedoya era de Serdio, a dos kilómetros de la casa que me compré, y una día hablando con amigos de la historia de este hombre salieron a relucir las detenciones de 1948. Un total de 69 vecinos fueron detenidos de madrugada, a las cinco de la mañana, por dos camiones de la Guardia Civil y que fueron conducidos las cárcel de San Vicente de la Barquera. Fueron sometidos a un Consejo de Guerra en 1950 y encarcelados, entre ellos estaba Bedoya y gente de todas las ideas, hasta católicos. Fue una acción indiscriminada.

-¿Quién fue la primera persona que le habló de Lele'?

-Fue Miguel Ángel González Vega, el alcalde de Val de San Vicente, con quien me une una buena amistad. Me comentó que había trabajado en la casa de sus padres y abuelos y que cuando mataron a Bedoya la 'facturaron' a Buenos Aires. Leles se estuvo carteando con los padres de Miguel hasta que murió. Bedoya estuvo doce años en la cárcel hasta que se fugó en febrero de 1952.

-Una historia de amor con el telón de fondo de la postguerra...

-Sí, así se podría definir. Era una España oscura, gris y entre 1947 y 1948 se habían desplazado los restos de la Brigada Machado. La historia de Paco y Leles comenzó como una aventura de adolescentes, pero que se mantuvo pese a las adversidades. Todos los amigos de Paco de su generación decían que una persona tan bruta como él podía escribir una cartas tan tiernas y emotivas a su amada. En las montañas de Liébana mantendría su escondite hasta que la Guardia Civil le descubrió. Un forense que me ha ayudado a interpretar la autopsia asegura que una persona trepara en el monte con cinco tiros en el vientre. Pasó así toda la noche y cuando un cabo ordenó subir a la Guardia Civil le encontraron en postura fetal y como no sabía si estaba vivo, herido o muerto, le acribillaron con nueve tiros.

-Usted conoció personalmente a Leles en Buenos Aires. ¿Vio algún atisbo de rencor en sus palabras?

- Tenía 73 o 74 años, una diálisis y gozaba de una memoria perfecta. Era una señora rubia y le quedaban los rasgos de su bonita cara de joven. Me recibió en el hotel en el que me hospedé con un ejemplar de la revista 'Eco 14' y tomamos un café. Estuve en su casa de las afuera y la pregunté, «¿grabamos?» y se nos hizo de noche sin darnos cuenta. Pese a llevar más de 40 años en Buenos Aires, recordaba cada rincón de Pesués, de Serdio, de la ría. Conservaba los recuerdos muy frescos y en los pies de su cama una foto de su pueblo, Abanillas, con el fondo de los Picos de Europa nevados, como los veía desde su casa. Había vuelto a España en 1995 en una visita fugaz y no, no guardaba ningún rencor.

-¿Tuvieron planes para juntarse en la capital argentina?

-Tuvieron planes para reencontrarse en Buenos Aires, pero la muerte a tiros de Paco truncó esta expectativa. Ella me recordó que se conocieron a los 14 años en la noche de San Lorenzo y que no se separaron cuando tuvieron un hijo hasta la detención de 1948. Ella se casó en la capital argentina con Agustín, al que quiso mucho y del que presumía de haber tenido un marido muy bueno, pero que su vida siempre estaría marcado por el amor de su adolescencia.

-Todo esto ocurrió después de la guerra civil. ¿Qué opinión tiene de la Ley de Memoria Histórica?

-Hay aspectos interesantes y otras partes son cuestionables. Respecto a que hubiera una amnesia durante la Transición desde 1976, creo que esta aseveración no se ajusta a la realidad porque ha habido una serie de grandes historiadores que han trabajado durante estos años. Existe una generación más joven que demanda información de los que sucedió en aquel periodo, y en Gandarilla todavía hay gente que no me ha recibido por miedo. Estas cosas pasan en los pueblos todavía. Creo que la Ley es positiva porque todas las familias con muertos y desaparecidos tienen derecho a enterrarlos con dignidad o saber dónde están sus cadáveres. En 2006, el Congreso aprobó una ley por la que los maquis dejaban de ser bandoleros. Todavía en el mundo rural se dice con desprecio que 'fulanito o menganita' es hijo de un maqui.

-¿Alguna valoración sobre la nueva corriente de historiadores que pretenden revisionar la II República y la guerra civil?

-¿Pío Moa? ¿César Vidal? Mire, el gobierno de febrero de 1936, el del Frente Popular, fue democráticamente elegido, y unos generales dieron un golpe de estado unos meses después, en julio. Y estos hechos no se pueden reescribir ni remitir la guerra civil al año 1934. Hay gente que parece que sabe de todo, hasta de periodismo.





miércoles, 7 de febrero de 2018

POESÍA: SOBRE LOS HORIZONTES COSMOLOGICOS


El vacío existe
y no se puede negar,
la nada absoluta
es algo así como un campo
pendiente de explorar.

El vacío no es nada
así se vino a afirmar
desde Parménides a Higss,
en la actualidad.
el éter se desvanece en el vacío
y nos lleva a la relatividad,
vacío falso
o
vacío real
que más da
si hay ondas que surgen del azar.

Hablemos de un inmenso mar
y allí en medio de un vendaval
de partículas chocando
a ver quien puede más.

Hay tres efectos
que vienen a explicar
el por qué del vacío
y a esto lo podemos llamar
efecto Casimir,
efecto Sclwinger
y Lamb
y así se avanza
hasta alcanzar
aquello que se llama la inmortalidad
con partículas sin materia
acabamos de matar
a eso que se llama alma y no se puede tocar.

No solo del Higss vive la masa
hay otras formas de sumar
por eso el universo se expande
sin avisar.

En un universo plano es fácil identificar
la energía que domina el universo
de  aquello que es superficial
algo así como caminar
por un mar de estrellas
sin necesidad de volar
hasta ese lugar extraño de contar
en el que un agujero negro
es capaz de evaporar
lo que dentro de él se sumerge,
Hawking, nos hace dudar
en aquello de si el vacío es real
o hay algo más.

Apunten y nunca se olvidarán
que es imposible en el universo hallar
un lugar ajeno a la teoría de la relatividad.

Autor: José Vte.  Navarro Rubio




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